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Relato corto

Ácido o no

-Es que las ranas croan mucho y los arboles no lloran hojas pues el viento se las arrancó.
-Graniza.
-Es que el cielo no soporta las penas y las deja caer a tierra donde entran hasta las raíces del alma y brotan como flores de alegría.
-¡Qué frío!
-La sangre fluye lenta y necesita de la luz para alimentarse. Abre tu piel y deja que respire tu alma, siente la caricia de Ra y ríe porque la dicha está contigo.
-¿Nos vamos?
-Dame otro azucarillo… por favor…

Escrito originalmente el 7 – 03 – 05

Es así

Entre mis barbas quedan enredados aún tus besos y por mis dedos juegan a esconderse como una sombra los restos del olor de tu cuerpo. Como un tatuaje queda el recorrido de tus manos por mi cuerpo marcado hasta las venas.

Pero tu ausencia. Ahora tu ausencia llena este cuarto, empuja las paredes sobre mí y hace del aire sucio alquitrán que ahoga mis pulmones.

Quiero que el alba deje su caprichoso paseo y te traiga a mi lado. Es así.

(Escrito originalmente en 2006)

Ese otro amor

Tras las ventanas más allá del sofá en el que estás con ella, la noche crece. Un momento de silencio. Y la miras cuando se levanta a servirse otra taza de té. Sonríes. Sonríes porque así, compartiendo una taza de té y un plato de […]

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Los tipos duros también bailan

[NOTA: Empieza a reproducir el vídeo, sabrás cuando empezar a leer] Me miras entrecerrando los ojos al otro lado de mi whisky con hielo en la barra de madera pulida por miles de vasos como el mío y el tuyo. Enciendes un cigarro. Pasas tus […]

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Un beso

Distancia fingida. Aparente separación. Inevitables palabras.

Dejamos la acera para entrar en el camino del parque. Apenas unos metros, porque ya es inaguantable. Y sucede.

Mi mano se prende de tu brazo, mi cuerpo se acerca al tuyo y el corazón se me desboca. Milésimas de segundo separan tu rostro del mío. Una eternidad que cruzo a ciegas sintiendo que salto al vacío. Alegría y miedo. Esperanza y miedo. Deseo, pasión, añoranza, sueños que fueron y en este instante son. El aire entra frío en mis pulmones. No sé qué piensas. No sé qué sientes.

Siento la suave tibieza de tus labios en los míos. Una fracción de segundo después comprendo que es real. Otra más y el miedo se extingue. El resto sirven para transformar ese contacto en una fusión de sonrisas que laten al unísono. Una descarga de alegría estremece mi cuerpo. Siento que no me cabe dentro y que tengo que ahogar una lágrima de emoción.

Silencio sonriente. Miradas silenciosas. Tu reproche es dulce, te vuelves, empiezas a caminar. Reacciono, te alcanzo, te miro: te brillan los ojos de felicidad.

Se acabó el invierno.

Una caricia

El hilo musical trata en vano de ocultar el murmullo de conversaciones. Sesenta y cinco centímetros de madera entre tú y yo. Lo sé porque al alargar mi brazo no alcanzo a tocarte, lo cual te anima a burlarte de mis intentos lanzándome tu mirada […]

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Una sonrisa

Sol. Brisa. Tú.

Te siento aún teniendo mis ojos cerrados. Muevo unos centímetros mi mano y alcanzo a rozar tus dedos. Inclino mi cabeza, siento tu pelo tocar mi cara antes de apoyarla sobre tu hombro.

Te siento sonreír aún teniendo mis ojos cerrados. Tus dedos se mueven muy lentamente para acariciarme con suavidad. Caricias de milímetros. No me ves, pero sé que me sientes sonreír.

Te siento mirando al futuro. Mis ojos cerrados lo miran contigo. Tan real como tu roce ahora, es cada detalle de la vida que nos espera y que nuestras miradas teñidas de sueños comparten en este instante bajo el sol, con la brisa bailando en tu pelo, con la sonrisa que hacemos entre los dos a medias.

Tú. Y todo lo demás, que también es tú.