Duerme

Publicado en Poesía, Recuperados

Duerme, niña, duerme
yo cuido tu sueño.
Duerme…
Mi mirada te abraza
yo cuidaré de ti,
alejaré la oscuridad
de tu pelo rizado,
traeré a tus ojos dulces sueños
besando tus párpados.
Te daré suave música
con mis palabras de amor al oido.
Duerme, mi niña, duerme,
duerme, amor,
yo velo, para siempre, tu sueño.

29-04-05

Despedida

Publicado en Recuperados, Relato corto

El dolor me hace vomitar un alma ensangrentada. Y de mi espalda brota un par de las rompiendo mi carne, se extienden al sol para demostrar que no son alas sino ramas de un viejo árbol muerto, no son la puerta del cielo sino el anclaje a la tierra. Un grito desgarra mi garganta, se hunden mis raíces en la tierra y de mis ojos brotan chorros de luz que se extinguen dejándome ciego. Siento en mi piel el viento gélido y el hielo cortándome, puedo oír en el aullido del viento el eco de mi grito enquistado entre miles de voces sollozantes, gemidos y gritos. Ni puedo llorar, las lágrimas congeladas se me clavan en la pupila…

No puedo

Publicado en Recuperados, Relato corto

No puedo respirar el aire.
No puedo sentir el calor.
No puedo usar mi voz.

Abro la boca como un pez tirado al suelo y brota una mezcla de gemido y aullidos que se baña con las lágrimas que caen de mis ojos.
Duele como nunca ha dolido.
Arcadas que golpean un estómago vacío desde hace días.
Recuerdos.

Consejos que no atiendo, voces que no escucho y sólo tu mirada en mi cabeza, tu voz en mi cabeza, tus palabras en mis venas envenenando cada célula de este cuerpo. Un trozo de carne que busca agotarse para dejarte de lado, materia inerte que quiere que acabe ya el proceso de descomposición.

Porque si pudiera me arrancaría el corazón y lo aplastaría contra el suelo.
Porque si pudiera mataría este alma enamorada sin remedio.
Porque si pudiera te olvidaría…

… pero no es así.

A la noche no le importas

Publicado en Recuperados, Relato corto
“A la noche no le importas una mierda”.
Levantó la cabeza sintiendo gotas de sudor frío que le caían por la frente, buscando la cara que decía esas palabras. Sentía en la palma de su mano el frío de la pared en la que se intentaba apoyar y sentía el olor amargo y ácido del vómito salpicado entre sus pies.

“Podrías quedarte aquí tirado y a nadie le importaría” continuó la voz.
Con gran esfuerzo, giró la cara y empujó sus ojos todo lo arriba que pudo para intentar ver algo. Apenas alcanzó a ver una figura que se recortaba sobre la luz al fondo de una farola moribunda. Sintió sus piernas temblar por el esfuerzo de mantenerlo erguido y en su cerebro empantanado algunas ideas empezaron a intentar despegarse del limo del alcohol que las tenía presas.

“¿Se puede saber qué intentas” siguió la voz “además de matarme con ese olor a mierda y esa mirada vidriosa?”
Reunió sus fuerzas, se irguió y consiguió girar sobre sus pies hasta poder dejarse caer contra la pared. En lateral, intentó dar un paso de lado. Pero la tierra giraba demasiado rápido para él. Intentó abrir la boca. “¿Quién eres y qué quieres de mí? ¿Qué coño miras? ¿De qué cojones me estás hablando?” pensó. Pero sólo escuchó una serie de gruñidos ininteligibles salir de su garganta pegajosamente, arrastrándose a duras penas, y que cayeron a sus pies como aquellas últimas gotas de vómito.

“A la noche no le importas una mierda. Y a mí tampoco”.
Un corto paso y luego otro. La mirada clavada en la sombra recordada contra la luz. Jadeos y suspiros. Más sudor y el vómito del suelo queda ya un poco atrás. Los ladrillos de la pared manchan y arañan su ropa. Pero consigue acercarse un poco más. La silueta oscura empieza a tener más detalles. La sombra saca sus brazos de detrás de la espalda y separa sus brazos. Uno de ellos es mucho más largo que el otro. Con una forma más cilíndrica.

“No soy una mierda” consigue decir entre saliva espesa y restos de vómito. “No soy una mierda”. Un jadeo. “Tú -respira-. Tú eres una mierda. Ahí, hablas y miras. No me ayudas”. Ya envalentonado al ver que consigue articular sus palabras, continúa-. Aquí sólo tú eres una mierda. Una puta mierda eres.”
Un paso y a está más cerca de la sombra. Le parece oír una risa seca que mezcla desprecio y asco y le alcanza el pecho como una cuchillada. Hay algo familiar en esa voz que ya no le habla pero que le sigue golpeando dentro.

“¿Quién eres y qué haces aquí?” grita apoyado en la pared y alargando sus brazos. La respuesta le llega en forma del dolor de los huesos de su mano al romperse. Grita con sorpresa y el dolor se lleva consigo parte de su borrachera. Se coge la mano. Afina sus ojos. Ve algo más contra la luz. Ve el tubo metálico que aquella mano sostiene y el terror empieza a apoderarse de él. Intenta moverse pero su cuerpo aún está aletargado por el alcohol y ni el pánico consigue hacer que se mueva más rápido.

“A la noche no le importas una mierda” insiste la voz al tiempo que el tubo de metal golpea el pecho y hunde dos costillas. “A esta noche que pronto se acabará le importa muy poco marcharse y dejarte atrás” un golpe que le rompe la mandíbula y llena de dolor su cerebro, le hace temblar las piernas. Levanta los brazos en un intento de cubrirse y protegerse de los golpes que vendrán. Pues sabe que habrá más. “No le importas una mierda a nadie” y el siguiente golpe le alcanza en la cabeza, que rebota contra el muro salpicándolo de sangre y restos de hueso.

“A nadie, papá. Ya no”.

24/01/2014

Más allá

Publicado en Recuperados, Relato corto

Respira hondo. Más allá de sus párpados cerrados siente el sol y sobre la piel una suave brisa que alivia el calor. En el aire capta su aroma. Mueve la mano unos centímetros hacia la derecha y ahí están los dedos de ella, esperando para ser cogidos.

Al otro lado de sus párpados siente como desde los dedos de ella le llega la corriente eléctrico que esa sonrisa tan dulce que ella tiene desprende. Y deja que esa descarga le recorra el cuerpo del brazo a la espalda, llenando su espalda y subiendo hasta su cara. Sus labios se mueven y dibujan una sonrisa.

Detrás de sus párpados siente que ella se mueve y un momento después nota su cabeza apoyarse en su hombro. Suelta su mano para coger su hombro y la aprieta delicadamente contra sí. Respira. Está vivo. Más vivo que nunca y sabe que es el momento. Que ese instante es el mejor momento de su vida. Que todo antes de ese minuto con ella es un camino que queda atrás.

Respira hondo. Más allá de sus párpados cerrados siente el sol y sobre la piel una suave brisa que alivia el calor. Más allá está ella y su mirada. Ella y su sonrisa, su pelo y sus dedos. Ella y el futuro. Ella.

Abre los ojos. La mira y mueve los labios para dibujar una nueva sonrisa.

La besa. No dice nada y cierra los ojos.

 

08/07/2013

Toxicidad

Publicado en Recuperados, Relato corto

Mírate al espejo. A los ojos. Visualiza a tu alrededor a esas personas que han estado o todavía están cerca de ti.

¿Ves las heridas? ¿Ves las expresiones de dolor? Seguro que también puedes ver los espacios vacíos que han dejado quienes ya no están ahí, los que consiguieron alejarse lo suficiente antes de no poder evitar quedarse a tu lado.Y te preguntas, por supuesto, qué es lo que les hace seguir todavía cerca. Qué motivo tienen. Te planteas razones pero simplemente divagas, te pierdes tratando de alcanzar argumentos que sabes que resultarán inútiles. Totalmente inútiles porque sabes muy bien, perfectamente, que tú eres la razón. El principal motivo.

Y aunque evitas mirarte a los ojos, sientes la respuesta arder dentro de ti y consumir tu corazón. Lo que es más… la sensación exacta sería la de corrosión y no sobre tu corazón, sino en el espacio que este antes ocupó.¿Cómo estando tan vacío, nadie consigue entrar en ti? ¿Llenarte aunque sólo sea un poco? De nuevo, pierdes el tiempo con preguntas para las que hace mucho tiempo que encontraste respuesta, la respuesta desoladora.

Mírate. Tu aspecto ¿no te das cuenta? Eliges siempre para vestir algo de color rojo o negro y esos colores son los que combinas cada día. Precisamente esos. Precisamente los colores con los que la naturaleza ha elegido teñir a sus criaturas más peligrosas, las venenosas, las que portan ponzoña. Vistes de rojo y negro y sabes que esa es, a tu manera, la forma de conseguir lo que la naturaleza no te permite: avisar a los demás. Advertir de tu peligro.Si estiras los brazos, alcanzarás a gente que te quiere. Y eso es lo más desesperante. La gente que más cerca está de ti… ¡te quiere! ¿Cómo es posible? ¿Cómo puede ser si para ti es obvio el daño que les haces? Porque engañas, porque mientes, porque tu aspecto – te dices- es para advertirlos, pero todo lo demás, a-b-s-o-l-u-t-a-m-e-n-t-e todo lo que eres transmite el sentido contrario.

Todo.

Porque escuchas, porque atiendes, porque sonríes, porque das consejos casi siempre acertados basados en todas esas experiencias que otros han compartido contigo. Estás ahí. No dices no a nadie que te ha ofrecido antes algo, no te niegas a compartir ni mides lo que das.

Sí, todos los que te quieren saben que hay mucha gente que no soportas o desprecias. Pero también saben que incluso a esa gente le darías parte de tu tiempo, parándote a escuchar sus estupideces absurdas o ridículas. Eres bueno. Te dicen. Eres paciente. Estás loco, has escuchado más de una vez. Siempre, todo eso y mucho más, te ha llegado acompañado de una sonrisa que has sabido corresponder pero no sentir que te abrigaba el alma.Y ahora, que te miras. Ahora que te ves, quisieras poder llorar de rabia, gritar que no te toquen, que se alejen, que escapen de ti mientras puedan todos ellos, hasta dejarte solo. Hasta quedarte tan solo que ese veneno, al poder intoxicar a nadie más, acabe contigo tal y como sientes y sabes que debería haber sido hace mucho tiempo ya.

17/12/2011

Antes de su boda

Publicado en Recuperados, Relato corto

Durante la conversación más triste de mi vida, mis ojos no se apartaban de su verde mirada.

Hubo palabras. Palabras equivocadas y, tal vez, palabras certeras. Hubo sinceridad pero también pensamientos que murieron antes de llegar a ser formulados.

Hubo silencios apretados en abrazos, que dijeron tal vez más de lo esperado y siempre menos de lo deseado.

Fueron besos teñidos de lágrimas. Besos contradictorios. Besos que decían “te deseo” eran seguidos por besos que decían “nunca te olvidaré”. Besos pidiendo una oportunidad cedían el paso a besos resignados a la derrota final.

Eran besos y eran lágrimas.

Fue una despedida sin serlo. Fue la manera de dejarnos libres sabiendo que siempre estaremos unidos.

Durante la conversación más triste de mi vida, te dije en cada beso que te estaba queriendo, que te había querido, que no aceptaba tu ida y que, al mismo tiempo, no había nada mejor entre lo que yo ofrecía.

Fueron besos bañados en lágrimas, salpicados de sonrisas inevitables que reflejaban lo que en nuestras palabras no tenía cabida: la resignación, la aceptación de una realidad que, inevitablemente, sabíamos que era la correcta pero que, al mismo tiempo, sentíamos que no era la mejor.

Pequeña

Publicado en Recuperados, Relato corto

Eres tan pequeña que te puedes perder entre mis brazos.

Tan pequeña que me miras desde abajo y veo tus ojos sonrientes al lado de tu nariz que me apunta. Cuando no me miras, sólo puedo doblar mi cuello y besar tu pequeña cabeza.

Intento escapar del mundo refugiándome en tu melena y acabo encontrando tu cuello perfumado y delicado, una piel suave que no puedo sino besar delicadamente.

Agarro tu cintura y te levanto, rodeas mi cintura con tus piernas y te siento ligera sobre mis brazos mientras con los tuyos abrazas mi cuello y nuestros labios se encuentran. La ternura, la suavidad, el cuidado, el cariño…. Crece como una enredadera que nos envuelve y une, nos hace uno y mi corazón se llena de esta emoción que me impide soltarte y continuar con la vida.

Eres tan pequeña… pero es tan grande lo que me haces sentir que siento que el espacio entre mis brazos ha sido hecho para tenerte ahí, a salvo del mundo y mecida por el latido de mi corazón.

Cada vez

Publicado en Recuperados, Relato corto

Es algo nuevo. Pero es algo que se repite. Cada vez.

Te conozco bien, muy bien. Pero cada vez que te veo me enamoro de nuevo. Más. Cada vez que quedamos, siento algo dentro, esa excitación y nervios que sé que he sentido más veces contigo al tenerte cerca, pero que siento otra vez y como nuevos. Admiro tus ojos, contemplo tus labios y tu cuerpo, que sé que conozco con detalle, se me aparece -cada vez- como un misterio que deseo descubrir. Tu voz, cada sonido que sale de tu boca me cautiva una vez más, cada vez. Tu aroma me atrapa y lo busco una vez más, cada vez.
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El día que…

Publicado en Recuperados, Relato corto

El día que no te besé estuviste sonriendo todo el tiempo, hablando relajada, enredando con mi pelo de vez en cuando y tenías una mirada que no alcanzaba a comprender.

Hoy, el día que no te tengo, comprendo todo lo que tus ojos me estaban diciendo y sólo me queda llorar y desear que el tiempo se pare y hasta se retuerza por darme otra oportunidad en aquel momento, por mirarte y comprender que las palabras ya sobraban, que las manos estaban diciendo todo y que, tu mirada, tus párpados, el gesto de tus labios y el color de tus mejillas sólo querían que me callara y abrazara mi boca con la tuya.

Quedan, ahora, el miedo, mi odio a mi mismo y la mirada vidriosa frente al espejo de un borracho arrepentido que sabe que perdió su oportunidad y aún no se atreve a dar el paso para olvidar y morir… o vivir sin ti, que es igual.