El cuento de esta noche
Hoy ha soplado el viento toda la tarde y aún aullaba al acostarnos así que el niño me ha pedido un cuento. Después de pensar un poco, empecé a hablar y la historia surgió sola. Me gustó, por eso la recuerdo bien y vengo a […]
Hoy ha soplado el viento toda la tarde y aún aullaba al acostarnos así que el niño me ha pedido un cuento. Después de pensar un poco, empecé a hablar y la historia surgió sola. Me gustó, por eso la recuerdo bien y vengo a […]
Yo quisiera volver a encontrar la pureza
nostalgia de tanta inocencia que tan poco tiempo duró.
Cuando la pena cae sobre mí
quiero encontrar aquello que fuí.
Miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos.
Vuelvo hacia atrás y busco entre mis recuerdos.
La pantalla parpadea con imágenes que ya ni me esfuerzo en comprender ni recordar, en el silencio de la noche. No quería despertarlo con el ruido de lo que sea que están poniendo, está mejor durmiendo (y tal vez soñando contigo) que soportándome así.
Perdóname por no ser fuerte, por llamarte en silencio, por buscarte a cada instante; por mirar hacia la puerta, el teléfono, el móvil… perdóname por no ser capaz de aceptar que ya no estás.
Salió el sol. Por fin. Decidí bajar al parque, dar un paseo y leer algo, siempre con un ojo puesto sobre él.
Tu hijo recogió varias flores y cuando pensé que me las iba a dar en un ramito, hizo un montón, me sentó a su lado en el suelo y dijo:
– ¡hay que comer ensalada, que es muy sana!
Por una fracción de segundo te odié. Pero sonreí y le abracé. Y de algún modo sentí que estabas cerca en ese momento.
Día sí, día también tu imagen vela el sueño de nuestro pequeño. Se duerme mirándote. Aun llora dormido y muchas noches tengo que ir a abrazarlo para que olvide sus pesadillas.
Cuando vuelve a dormirse, soy yo el que llora entonces.
Mi hijo no dejó de tirarme de la manga hasta que me paré, me volví y le pregunté:
-¿qué pasa?
– Mira -su manita de cinco años señalaba el cielo- no hay luna. Es de noche, no está -frunció el ceño y quedó cabizbajo-. Me falta mucho la luna -farfulló finalmente entre dientes.
Lo apreté contra mí y despeiné sus cabellos con un gesto con la mano. Miré al cielo púrpura buscándote a ti y pensé: tú me faltas mucho.