Ser en sus ojos

Lo miras. Está tranquilo, ya por fin después de negarse a ir a la cama. Te tumbas a su lado y le acaricias el pelo. Suave para que sienta la caricia, pero con cuidado de no distraerle del objetivo de quedarse dormido. Te mira con sus ojos limpios, ojos de dos años, ojos que ven el mundo -todavía- como ese espacio que hay más allá de ti.

Se le cierran los párpados, pero lucha por mantenerlos abiertos y seguir mirándote. Y hay en ti una felicidad indescriptible y enorme que te desborda sorprendido de que algo tan nimio sea tan grande.

Se va a dormir ya y lo que se lleva es tu imagen sonriéndole con los ojos llenos de amor y brillantes. Eres lo último que ve, su todo en este momento. Y cuando despierte, te buscará y él será lo primero que veas al empezar el día.