Qué hago caminando
Si en silencio caen las gotas de mi sangre envenenada de ti.
Si en silencio caen mis lágrimas cargadas de ti.
Si sale de mí el aire contaminado por cada beso que me diste.
Si trato de abandonarte, de dejar mi vida atrás para ser ya un alma libre… ¿Por qué no muero? O es que esto es morir y nada más, y todo lo que sea estar sin ti es de verdad la vida, todo lo que sea contigo es morir porque en realidad la vida no existe más allá de tus ojos o más acá de tu roce porque la vida es no sentir, porque es mentira que se pueda ser feliz si no es después de todo, después de haberse uno gastado los años sufriendo, de haberse uno pulido con el roce del tiempo, dejándose la piel cada hora en el camino, para llegar al último día sin nada externo, para ser nada más que lo esencial y entonces poder pasar a vivir de verdad.
Y estar muerto, y tener hormigas corriendo por tu blanca piel y orugas brotando de mis ojos es estar contigo vivo, y creer que nada pasa pero sentirlo todo pasando por encima, como un muro que cae una y otra vez sobre mi, sin dejarme apenas respirar, si dejarme abrir los ojos entre el polvo. Como un sol de hielo que clava cada rayo sobre mi piel a cada paso que doy, pasos lentos, frenados por los cientos de alfileres de hielo que llegan hasta la tierra y que debo ir rompiendo con mis propias manos y pisando con pies desnudos cada vez más cubiertos de sangre oscura que brota lenta y callada. Cerrando los ojos para protegerlos pero sintiendo los cortes sobre los párpados y la sangre mezclada con lágrimas sobre mi cara.
Y preguntarme qué hago caminando si podía quedarme quieto y dejar de sufrir, o retroceder y desandar el camino abierto, pero sin detenerme.
Publicado originalmente el 27/09/2004