“Tu felicidad es mi felicidad”

Te conozco bien. Poco a poco hemos pasado de hablar de temas banales a temas cada vez más personales. Sé lo que has vivido y sé por lo que estás pasando. Sé que ahora mi intimidad es tuya que me has dejado entrar en ti como a pocos. Sé también que, a pesar de todo, te quiero; y, lo que tal vez es peor, que tú me quieres a mí.

Pero tienes tu vida. Una vida que creías perdida y por la que ahora luchas, tratando de recuperar aquello que fue y que no quieres dejar como un simple recuerdo. Y estás aquí, delante de mí y me lo cuentas con el rostro escondiendo la confusión de emociones que sientes; con los ojos húmedos diciéndome que elegir la opción por la que has decidido apostar no ha sido tarea fácil.

Y yo, aquí, frente a ti, te entiendo y no me cuesta esfuerzo aceptar que tiene sentido lo que haces, que es lo más lógico y lo que, en tu situación, podría ayudarte con menos problemas. No diré que es la opción más fácil, pero sí creo que es la menos complicada. Y te miro, muriéndome de ganas de abrazarte muy fuerte (como antes) y besarte (como antes) mientras te siento en mis manos fundirte conmigo. Asiento. Me obligo a sonreír amable. Y expreso mi apoyo a tu decisión. Al fin y al cabo, sé bien que, aunque una parte de mí desea que esta decisión que tomas sea un error y al final vuelvas a mí, espero que se borre de tu vida la preocupación y el miedo, la inseguridad y cada duda.

Y lo digo. De corazón y con toda la sinceridad del mundo: “Me alegro por ti. De verdad espero que estés bien y que él pueda volver a hacerte feliz. No, no te preocupes por mí. No, de verdad. Tranquila. Quererte no me duele, quererte me hace sentir vivo. Descuida. Sé feliz, solo te pido eso; y no te preocupes por mí, tu felicidad es mi felicidad”. Sonríes con tus labios y tus ojos, besas mi mejilla y te cuelgas de mi cuello para decir en un susurro junto a mi oído: “Gracias”.

“Tu felicidad es mi felicidad”, algo que no siempre es fácil decir. Algo que no siempre que se dice es verdad. Algo que incluso cuando llega a decirse y es verdad, tiene una parte oculta, una parte que callamos. Una parte que duele. Y saber que me faltas y te echo de menos pero no puedo decirte nada de esto porque no quiero interferir en tu nuevo plan, no quiero molestar, no quiero distraerte de él y de lo que debes sentir por él.

Sé feliz y no dejes de compartir tu felicidad conmigo, contándome algunos detalles, enseñándome fotos, dejándome ver tu sonrisa… Mi dolor es mi responsabilidad, no la tuya, tranquila, no es tan malo y verte bien ayuda a superarlo. Algún día volveré a ser feliz y sé que mi felicidad será la tuya.

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