Más allá

Publicado en Recuperados, Relato corto

Respira hondo. Más allá de sus párpados cerrados siente el sol y sobre la piel una suave brisa que alivia el calor. En el aire capta su aroma. Mueve la mano unos centímetros hacia la derecha y ahí están los dedos de ella, esperando para ser cogidos.

Al otro lado de sus párpados siente como desde los dedos de ella le llega la corriente eléctrico que esa sonrisa tan dulce que ella tiene desprende. Y deja que esa descarga le recorra el cuerpo del brazo a la espalda, llenando su espalda y subiendo hasta su cara. Sus labios se mueven y dibujan una sonrisa. Sigue leyendo

Toxicidad

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Mírate al espejo. A los ojos. Visualiza a tu alrededor a esas personas que han estado o todavía están cerca de ti.

¿Ves las heridas? ¿Ves las expresiones de dolor? Seguro que también puedes ver los espacios vacíos que han dejado quienes ya no están ahí, los que consiguieron alejarse lo suficiente antes de no poder evitar quedarse a tu lado.Y te preguntas, por supuesto, qué es lo que les hace seguir todavía cerca. Qué motivo tienen. Te planteas razones pero simplemente divagas, te pierdes tratando de alcanzar argumentos que sabes que resultarán inútiles. Totalmente inútiles porque sabes muy bien, perfectamente, que tú eres la razón. El principal motivo.

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Antes de su boda

Publicado en Recuperados, Relato corto

Durante la conversación más triste de mi vida, mis ojos no se apartaban de su verde mirada.

Hubo palabras. Palabras equivocadas y, tal vez, palabras certeras. Hubo sinceridad pero también pensamientos que murieron antes de llegar a ser formulados.

Hubo silencios apretados en abrazos, que dijeron tal vez más de lo esperado y siempre menos de lo deseado.

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Pequeña

Publicado en Recuperados, Relato corto

Eres tan pequeña que te puedes perder entre mis brazos.

Tan pequeña que me miras desde abajo y veo tus ojos sonrientes al lado de tu nariz que me apunta. Cuando no me miras, sólo puedo doblar mi cuello y besar tu pequeña cabeza.

Intento escapar del mundo refugiándome en tu melena y acabo encontrando tu cuello perfumado y delicado, una piel suave que no puedo sino besar delicadamente.

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Cada vez

Publicado en Recuperados, Relato corto

Es algo nuevo. Pero es algo que se repite. Cada vez.

Te conozco bien, muy bien. Pero cada vez que te veo me enamoro de nuevo. Más. Cada vez que quedamos, siento algo dentro, esa excitación y nervios que sé que he sentido más veces contigo al tenerte cerca, pero que siento otra vez y como nuevos. Admiro tus ojos, contemplo tus labios y tu cuerpo, que sé que conozco con detalle, se me aparece -cada vez- como un misterio que deseo descubrir. Tu voz, cada sonido que sale de tu boca me cautiva una vez más, cada vez. Tu aroma me atrapa y lo busco una vez más, cada vez.
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El día que…

Publicado en Recuperados, Relato corto

El día que no te besé estuviste sonriendo todo el tiempo, hablando relajada, enredando con mi pelo de vez en cuando y tenías una mirada que no alcanzaba a comprender.

Hoy, el día que no te tengo, comprendo todo lo que tus ojos me estaban diciendo y sólo me queda llorar y desear que el tiempo se pare y hasta se retuerza por darme otra oportunidad en aquel momento, por mirarte y comprender que las palabras ya sobraban, que las manos estaban diciendo todo y que, tu mirada, tus párpados, el gesto de tus labios y el color de tus mejillas sólo querían que me callara y abrazara mi boca con la tuya.

Quedan, ahora, el miedo, mi odio a mi mismo y la mirada vidriosa frente al espejo de un borracho arrepentido que sabe que perdió su oportunidad y aún no se atreve a dar el paso para olvidar y morir… o vivir sin ti, que es igual.

Tu dolor

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Hoy la muerte me ha visitado. Y la he reconocido a pesar de todo. No venía de negro, con túnica y guadaña.

Hoy he visto a la muerte en tus lágrimas, en la expresión rota de tu rostro, detrás de tus ojos tan tristes. La he visto como nunca imaginé.

Y tuve tanto miedo… Apenas he podido cogerte la mano y mirar. Desear que pronto pase todo, que puedas volver a sonreír recordando los momentos que pasaste con él; sin la punzada de la angustia de haberlo perdido.

Llorabas y el corazón se me partía con cada una de las gotas de plata que salían de tus ojos. Y me apretaba contra ti para no derrumbarme, sin poder hacer nada más que estar ahí a tu lado, callado, viendo como la muerte de tu ser querido te estaba queriendo matar.

Pensé muchas palabras y cosas que decir. Fallidos intentos de consuelo que conseguí ahogar antes de que salieran de mi boca. Contuve mi pena, alejé mi dolor y posé mis labios en los tuyos. Tus ojos se abrieron enrojecidos, pero entre los regueros de lágrimas de tu cara esbozaste una sonrisa y supe que mi calor te había llegado.

He visto la muerte en tu desconsuelo y desesperanza, y he tenido miedo. Pero estaré contigo.

Esta noche

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Entre mis barbas quedan enredados aún tus besos y por mis dedos juegan a esconderse como una sombra los restos del olor de tu cuerpo. Como un tatuaje queda el recorrido de tus manos por mi cuerpo marcado hasta las venas.

Pero tu ausencia….

Ahora tu ausencia llena este cuarto, empuja las paredes sobre mí y hace del aire sucio alquitrán que ahoga mis pulmones.

Quiero que el alba deje su caprichoso paseo y te traiga a mi lado. Es así.

Tan sencillo. Tan estúpido

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No esperes que esta noche la luna te susurre un cuento. No esperes.

Tu piel, hoy, será unas horas la simple sábana de este cuerpo que se enfría. Serás el último paño que empape su sudor. En ti quedará prendido su último calor.
En un extremo de ti, piel blanca que cubre el futuro cadáver, brotan yedras revoltosas que crecen por ti rojas. Sus raíces capotean en el charco de sangre, pero sus hojas, como rubíes, reptan por ti tiñéndote.

“Tan sencillo como no olvidarte, tan estúpido como aún quererte.”

Su tinta última se seca en el papel que ahora ya se ha hecho parte de la piel de tus manos, rugosa, áspera… hasta que la yedra que sigue adornándote de rojo brillante llegue. Y cuando la tinta y la sangre se encuentren brotará de su pecho y a través de ti, piel tan fina, casi ya nada más que paño rojo, una respuesta.

La luna, al final, ha bajado a contarte un cuento y confundir mis palabras. Y con ellas a ti. Pero no te dejas arrastrar por su fábula, quieres que mi palabra continúe. La luna murmura pero no interrumpirá.

Tú, de su sangre ya, sobre él y siendo él cada vez más, te esfuerzas por oír que tu final se acerca y que te has sacrificado. Pero hoy la luna no te susurra el cuento que quieres oír. Hoy, no te sacrificas por él en gesto de amor. No. Hoy, él muere desangrado en su lecho porque no soporta quererte.

Hoy, camina de la mano de la Dama del Alba porque le dejaste de querer. Y estar sobre su carne tratando de mantenerla viva no esconde ese hecho.
Hoy, estás muriendo porque lo mataste al negar que lo querías.